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Compañero poeta Gabriel Impaglione:
Quería escribirte hoy, especialmente hoy, para enviarte un abrazo, a los 31 años de la muerte de nuestro bienamado Pablo Neruda.
No quise darte un poema, porque no me da el ánimo, en esta fecha trágica para la Poesía y para Chile.
Prefiero recordar a Pablo Neruda, vivo.
Tengo en mi biblioteca un libro de fotografías y anécdotas de Sara Vial, amiga cercana del poeta, con él en su casa de Isla Negra, en Valparaíso, en Santiago...
Y tuve la suerte, en 1992 de conocer aquellos paisajes trasandinos. Recuerdo de la casa en Isla Negra, la colección de objetos curiosos de Neruda: los mascarones de proa, los juguetes y muñecas de porcelana, los botellones de vidrio azul hacia el océano, de vidrio verde hacia el jardín, el astrolabio, las pipas, el locomóvil (esperándolo en el patio todavía), las brújulas, los caracoles y estrellas marinos; el dormitorio con el amplio ventanal a la playa y el océano Pacífico, el bar donde agasajaba a sus abundantes amigos...
(Pablo Neruda quería ser sepultado allí, en su Isla Negra, junto al inmenso mar de los atardeceres...
Pero un coronel negó el permiso. Ya sabemos esto. Es triste la historia. Cuando tres generales quisieron acallar las voces del pueblo -y no pudieron.)
Luego recuerdo su casa ?La Sebastiana? en el Cerro Barón, de Valparaíso. Encaramada al vacío; como dice el poeta en un verso, que primero estaba la bandera en el mástil, la estrella, luego construyó la casa, asomándose al azul sobre la bahía...
Lo quiero recordar allí, a nuestro poeta de Los versos del capitán, de Crepusculario, de los Sonetos y la Canción Desesperada, del Canto General y las Odas Elementales: en sus lugares cotidianos, redivivo, descalzo entre la arena y el oleaje, abrazado a la cintura de su amada Matilde Urrutia, con su perro, con sus grandes zancadas francas hacia el sur, hacia las gaviotas, hacia la libertad y la poesía.
Un abrazo fraterno, compañero poeta. Hasta pronto, hasta siempre:
Nixte Zapicán
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